Buena cara ante todo

Las crisis las vivimos a diario. Desde el paso de la naturaleza desbastando todo, hasta momentos personales, como atravesar por una enfermedad o enfrentar una situación difícil. ¿Y donde se quedan los sueños, las esperanzas? ¿Las posponemos? ¿Esperamos al arcoiris después de la tormenta?

El mejor  momento para trabajar por nuestros sueños es el aquí y el ahora. No hay que esperar a mejores momentos. Realmente no llegan esos “ideales” días para arrancar y ser felices.

Se requiere compromiso consigo mismo para crear una vida, es más que desear profundamente algo. El primer paso tiene que ver con reconocernos a nosotros mismos y ver nuestra esencia real. El segundo paso es saber que los momentos no son ni buenos ni malos, hay situaciones que aunque nos parezcan complicadas podemos comprenderlas y asumirlas como escalones que nos conducirán a lo que realmente deseamos.

En parte ese compromiso de lograr nuestros sueños requiere que seamos auténticos, responsables y enfocados. Reconocer nuestros intereses y capacidades, es parte de ese proceso. Tener responsabilidad, con hábitos desarrollados, cumpliendo con nuestras rutinas, sin rendirnos al primer escollo, es fundamental para lograr nuestras metas. Podemos soñar, pero seamos realistas, enfocándonos en objetivos reales, alcanzables y determinados en lapsos de tiempo. Reconocer nuestras capacidades, habilidades y puntos fuertes es una labor permanente para luego aprovecharlas y lograr nuestro máximo potencial. En todo esto es fundamental mantener una actitud positiva, comportarnos con entereza, responsabilidad, confianza y determinación.

La adversidad nos enseña a ver la vida más allá de nuestra comodidad. Mantener nuestra estima y respeto resultan esenciales para trabajar en el logro de nuestras metas. Por más complicados que sean los tiempos, por más difíciles que sean las decisiones a tomar, cuando vemos la vida con optimismo seguro encontramos soluciones, apoyo y/o pasos para seguir adelante, y solucionar todo.

Ir más allá de las creencias que nos limitan

Estamos acostumbrados a nuestra zona de confort, nuestra casa, nuestro trabajo, nuestra rutina. Tenemos nuestras propias fronteras, reales o no. Estamos acostumbrados a pensar, sentir y vivir dentro de esta comodidad, donde todo responde a nuestros deseos. O al menos eso creemos. Hasta que la vida se encarga de sacudirnos y hasta ponernos de rodillas.

Además, nuestra vida se resume cada vez más en una caja. Vivimos en una caja, que es nuestra casa. Trabajamos en otra, que es nuestra oficina. Estamos constantemente limitados a unas fronteras imaginarias o reales. Nuestra mente se ha acostumbrado a pensar y a sentir dentro de esas fronteras y nos asusta ir a lo desconocido.

Seguro se han preguntando, ¿si persigo mi sueño y fallo? Sí, es posible. Tememos fallar. El miedo es un limitante muy penetrante y de profundo arraigo. Nos impide tomar decisiones. Nos paraliza. Más allá del miedo, encararlo, tomando pequeñas decisiones, planificando nuestros pasos y analizando los errores, nos puede ayudar a lograr lo que deseamos. Por eso se dice que el fracaso no es tan malo, después de todo, nos ayuda. Levantarse una y otra vez al caerse es la mejor respuesta. No el miedo y la parálisis.

Entonces necesitamos ser flexibles, con nosotros mismos y con las situaciones que vivimos. También ser conscientes de que si nos enfrentamos a una situación límite, podemos ir por otro lado, evaluar otras opciones y conseguir otro camino que nos conduzca a lo que deseamos. Y por último necesitamos ser compasivos con nosotros mismos, dejar nuestros prejuicios, nuestras ideas preconcebidas. No todo es lo que parece. Y a lo mejor, al ver más allá, sí vemos el arcoíris.

Buena actitud ante lo que pase

Al mal tiempo buena cara”, dice el refrán y es verdad. Podemos quedar en shock ante algo negativo que azote nuestras vidas. Ese desconcierto puede llevarnos a la tristeza, la ansiedad y el abatimiento, mucho más estrés que incide en nuestra salud, nuestro estado de ánimo y de disposición para enfrentar nuestra vida.

Es importantísimo reconocer que cada dificultad, por más fuerte que sea, trae un propósito. Más allá de la tormenta, de la devastación, de la pérdida, hay un sentido, quizás incomprensible al primer momento. Basta concentrarnos en lo que sí se tiene a mano en ese momento, apreciar el solo hecho de estar vivos, de tener salud, familia, trabajo o lo que sea. Agradecer, dejar de concentrarnos en la carencia, nos ayudará a ir más allá, a comprender que tras ese duro momento, la calma viene y todo regresa a un curso natural de bienestar y progreso.

Es más, a veces en esos momentos, conocemos gente que nos tienden la mano, que nos ponen en otro camino, que nos ayudan a seguir adelante. No es momento para ofuscarnos, sino momento para despejarnos, distraernos, reencontrarnos con el silencio, con la paz, o con la risa, cuando estamos calmados las soluciones tienden a aparecer.

Evelyn Navas @ecnaproasesoria 

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