¿Cómo anular con elegancia planes o citas?

Quedar mal no tiene por qué ser un dolor de cabeza. Ni ser víctimas de represalias. No hace falta tener un manual a la mano ni inventar locas excusas para cancelar un evento ya programado.

Evelyn Navas @ecnaproasesoria en Twitter, Facebook e Instagram.

Se trata en sí de un arte. Por mucho que se programen los eventos y las citas a veces pasa que toca hacer un alto y cambiar de planes a última hora. Si es verdad que esto requiere esfuerzo, cara dura y hasta hipocresía o cinismo, sobre todo cuando se trata de encuentros con amigos o cercanos y no se quiere perder una amistad. ¿Cómo quedar mal con un toque de elegancia y mantener la reputación a salvo?

 

Comprométase eligiendo bien: Revise su agenda. Queda mal el que se compromete a ir, confirma y no va. Vea qué eventos o citas tiene por delante y a cuáles realmente puede asistir. Sea sincero consigo mismo. Es cierto que a veces decimos que sí a múltiples cosas para ver cuál se desarrolla mejor y asistir a esa. Mientras, dejamos plantados a varias personas por el camino. Por ser tan sociales decimos sí a todo con un “vale, nos vemos”. Es preferible pensarlo bien. Se puede ser educado y no apuntarnos a cuanta cita se nos plantee. Revisar la agenda, apartar nuestro tiempo personal y después si queda espacio atender aquellos encuentros que nos puedan interesar.

 

Claridad en cuánto a nuestra clase de amistades: No todos los amigos se toman bien las excusas o el hecho de dejarles plantados. Conocer bien a nuestras amistades nos permitirá saber cómo se tomarán nuestras acciones y qué clase de pretextos podríamos darles. Por ejemplo: la gente que es muy ocupada suele entender con más facilidad un cambio de agenda o el posponer una cita. Los que planifican todo con tiempo o aquellos que se manejan con holgura, no suelen ser tan comprensibles.  Es cuestión de evaluar primero a quien le va a dar la excusa, antes de ganarse la mala voluntad de esa persona o del grupo de amigos.

 

Una excusa bien planteada: Si se trata de una verdad, algo que no necesita justificación, queda plenamente entendido y es comprensible, caso de una enfermedad, el tener que cuidar de algo o alguien, un incidente y hasta algún acontecimiento natural. Pero y ¿cuándo no hay nada que nos impida asistir? Plantear una excusa relacionada con el estado de ánimo personal no suele ser bien recibida por motivos que seguramente imaginamos: nos pueden tildar de irresponsables, desanimados, poco cumplidores y hasta calificarnos con adjetivos fuertes o ponernos en la lista negra. Inventar cosas también es difícil, porque uno nunca sabe cuando pueda ser descubierta la verdad o desenmascarada la mentira (ni se le ocurra poner a otro en la historia, porque a veces la vida nos devuelve el rollo que lanzamos).

¿Qué sería lo ideal? Ser honesto. Evite dar explicaciones y pretextos complicados. Mientras más rebuscado sea el cuento, más la otra parte percibirá que se trata de una mentira. Comprométase a no faltar a una segunda cita y más vale que cumpla. Recuerde que al asistir a un compromiso se está dando una oportunidad de conocer gente, establecer contactos que a futuro podrían ayudarle y hasta de realmente pasarlo bien, más de lo esperado.

 

Cuando mentimos corremos el riesgo de olvidar y lo más seguro es que nos reencontremos y seamos consultados sobre esa falsa información que dimos. Luego, como estamos tan inmersos en nuestra vida en redes sociales, corremos el riesgo de haber dado una excusa a alguien importante y ese mismo día postear que estamos en otro lado compartiendo con quien sabe quién. No hay cielo ni tierra que no ayude si ese amigo nos sigue o un conocido le mande el enlace. A la hora de publicar en redes, mejor sea prudente. No se trata de desaparecer del todo, porque perdería credibilidad, pero bueno, si anda en otros planes, no publique en esas fechas.

 

Lo correcto: No falte a las citas en las que resulte imprescindible. Y si dijo que no iría, pues no cambie a última hora, ni aparezca brindando cuentos porque eso le restaría credibilidad. Calibre bien a sus amistades. También mídase en la cantidad de plantones. Sus amigos y relacionados le perdonarán una, dos, tres veces, pero si se vuelve algo habitual, quédese conforme con su lugar en la lista negra.

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